Quiero contar esta dura y gratificante experiencia que la vida y Dios eligió para mi, debido a que no existe verdadero hombre sin verdadera identidad. El día que confirmé que mis padres eran desaparecidos y asesinados por la Triple A y la última dictadura militar que nos tocó sufrir a todos los argentinos, no fue tan sorprendente para mi, ya que el tiempo, el destino y el presentimiento me fueron preparando para esta noticia. Me crié gracias a Dios con una familia que nada tuvo que ver con ese gobierno terrorista.

Mi madre de corazón, una mujer que trabajaba de empleada doméstica en la casa de un Teniente Coronel, llamado Hernán Tefzlaff (represor), se interesó por mi ya que yo estaba destinado a una pareja, familiar de este sujeto, la cual arrepentida dejó atrás tal encargo.Viví con mi madre, mi padre y hermana (esta hija biológica de ellos), me criaron de igual a igual con mi hermana, me dieron todo lo que se le puede dar a un hijo. Pero a la vez dentro mío había un presentimiento extraño que fue creciendo junto a mi.

Siempre busqué un parecido físico con alguien de la familia debido a que tengo rasgos y cualidades muy distintas a ellos, nunca encontré una respuesta convincente, aumentando aún más mi presentimiento. Nunca encontré por parte de mis padres (de crianza) una igualdad ideológica, motivo por el cual siempre era tema de discusión nuestras ideologías de vida. Cabe destacar que en el mismo edificio donde yo vivo, siempre vivió este Teniente Coronel que ya estaba involucrado con un caso de hijos de desaparecidos, acrecentando aún más mis dudas.

A fin del año pasado, gracias al gran empujón que tuve por el amor de mi vida, decidimos ir a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad donde volqué mi duda. A los cuatro meses de esta visita encontré que mi presentimiento se transformaba en realidad. Paradójicamente el día que me confirmé como hijo de desaparecidos, fue el 11 de marzo, día también de mi nacimiento (yo sin saberlo).La noticia de confirmación genética no fue más que una felicidad interminable, ya que sentía que mi búsqueda estaba llegando a su fin. Ese mismo día conocí a mi familia biológica. Fue tan fuerte, tan maravilloso, como si los hubiera esperado o buscado todos estos años.

Me confesaron y comprobé el parecido con mi madre y padre, me enteré de la clase de personas que eran, su lucha por un país más justo e igualitario, su amor que se fortaleció con la muerte de un hijo, sus muertes. La lucha de mis abuelos por encontrarme, las preguntas incansables de mis tíos y primos de donde podría yo estar.Lo cierto es que absurdamente lo que la vida me quitó apenas nací, hoy ya hombre, la vida me devuelve y hablo de mi verdadera identidad.

Hoy puedo formar una familia con la mujer que amo sabiendo que soy un Pietragalla- Corti.Quiero referirme y agradecer a la lucha de una Asociación que hace posible que hoy yo sea un hombre con todas las letras. Gracias a Abuelas de Plaza de Mayo pues conozco su lucha desde que tuve uso de razón, gracias a mi amor, a mi familia de corazón y biológica y por sobre todas las cosas gracias mamá Liliana Corti y papá Horacio Pietragalla.Horacio Pietragalla CortiBuenos Aires mayo de 2003

Reconstrucciones

Repasando estos años que convivo con la verdad no puedo dejar de recalcar lo importante que fue para mí saber quién soy. Desde el primer día que recibí el resultado del análisis de ADN sentí la necesidad de poder armar la historia que se me había robado, ocultado. Fueron fuertes las ansias de saber cómo eran papá (Horacio Pietragalla) y mamá (Liliana Corti) en el ámbito social, político y familiar. Claro, era la necesidad de reconstruir la identidad de mis padres, para empezar a reconstruir la mía. Recuerdo como si fuera hoy las preguntas que hacía a amigos y familiares sobre qué música escuchaban, qué los enojaba, cómo sentían.

Pero ninguna de las respuestas me bastaba, eso me angustiaba, ya que sentía que nunca podría conocerlos del todo. Hasta que un día, aturdido por pensar cuán injusto fue no poder conocerlos, me miré al espejo y me di cuenta de que tenía que conocerme, para conocerlos a ellos, claro; yo soy parte de ellos. Así también fue sorprendente empezar a comprobar cuánto queda genéticamente tatuado en nuestro cuerpo: saber que esos mariscos que volvían locos a mis viejos, también me enloquecían a mí.

Hoy puedo decir que encontrar las respuestas a todas las preguntas que generaban mis dudas no fue fácil; para hallarlas tuve que estar tranquilo y encontrar el tiempo y el equilibrio para poder ordenar las respuestas en los cajones correctos. Hoy ando por la vida sin dudar, y sólo puedo agradecer esto a mis padres biológicos, mis únicos y verdaderos padres, y a las Abuelas de Plaza de Mayo. Pero estas Abuelas que tanto anduvieron no podrían haber logrado lo que hoy lograron sin la ayuda de parte de la sociedad. Las distintas actividades hacen de Abuelas hoy una asociación que no sólo busca a sus nietos, sino también educa en el derecho a la identidad.

Teatro X la Identidad forma parte de estas actividades, ya que éste es el quinto año que lleva transmitiendo desde las tablas nuestra problemática y la de toda la sociedad argentina. A las funciones de TXI concurren muchos jóvenes con dudas, por eso basta con que un solo joven se acerque a Abuelas movilizado por el mensaje de las obras, para que el objetivo esté cumplido.* Uno de los jóvenes que recuperó su identidad gracias a la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>